miércoles, 16 de mayo de 2012

Un año después del gran triunfo del 5 de mayo de 1862, verdaderamente se inició la intervención francesa:


























lunes, 4 de abril de 2011

Guillermo Prieto, el poeta del pueblo






En noviembre de 1890, el periódico La República , por votación de sus lectores y favorecedores, designó a Guillermo Prieto como “el poeta más popular de México”.

El muy merecido nombramiento fue aplaudido por la mayoría de los escritores y periodistas de la época, colegas del homenajeado, y sólo fue criticado por sus enemigos políticos, como era de esperarse.

Para ese año, don Guillermo tenía poco más de setenta años y había publicado una gran cantidad de artículos costumbristas y poesías; había actuado en las luchas políticas de esas décadas –de su participación estuvo siempre orgulloso, excepto por un episodio que narraba con humildad y vergüenza, pues fue “polko” – ; había alentado la lucha contra las intervenciones con los dardos de sus versos y sus canciones; había impulsado en reuniones, veladas y publicaciones la producción de una literatura nacional, y había escrito sus memorias, unas Lecciones de Historia Patria, y libros de poesía –principalmente hay que anotar su Musa callejera y el primer volumen de sus Romances históricos–. Todo ello avalaba el reconocimiento que le fue entregado con una corona de hojas de plata, como a los grandes autores griegos.

En su larga y honesta vida política no pueden dejar de recordarse acontecimientos como su salida del país con el grupo liberal “por orden suprema” de Santa Anna”; su actuación como ministro de Hacienda durante las expropiaciones de tierras a la iglesia en la Reforma; su intervención para salvar la vida a don Benito Juárez (“¡Los valientes no asesinan!”); su acompañamiento al gobierno republicano en su peregrinación al norte del país durante la invasión francesa, y su rompimiento con Juárez a causa de la reelección de éste.

No obstante la importancia de estos sucedidos en el terreno de la vida política de Prieto y del país, en este artículo quiero referirme a la idea de “pueblo” que se consigna en la obra poética de este gran autor, en particular en los Romances históricos.

Manuel Gutiérrez Nájera, el Duque Job, escribió que Guillermo Prieto pudiera no ser “el mejor” poeta, según los cánones académicos, pues en ocasiones sus rimas son descuidadas, o sus metáforas un tanto sencillas y repetitivas. Además, para el autor de La duquesa…, en su tiempo hubo poetas de gran valía, diferentes en su intención y en su estilo, y por ello no puede señalarse quién es superior a otro. Pero no duda en afirmar que si le preguntaran quién es el poeta más querido, o el poeta más genuinamente nacional, la respuesta sería forzosamente: ¡Guillermo Prieto!

En efecto, el triunfo del maestro, conocido también como El Romancero, se debió al impulso de la mexicaneidad que se trasluce en su obra, en su poesía popular, y en sus romances históricos, donde el pueblo es el protagonista principal, pues si bien aparecen personajes identificados –como los grandes héroes, o los héroes secundarios–, muchos de éstos provienen precisamente del pueblo.

No olvidemos que en los tiempos de don Guillermo Prieto precisamente se construía la nación mexicana. Nacido a ocho años de iniciada la guerra de Independencia, Prieto vivió, sufrió y gozó con todos esos procesos políticos, cercano al poder, tomando partido por un bando específico, pero sin perder su filiación de origen. Así, sus narraciones implícitas en la poesía histórica no son abstracciones sobre la guerra o las grandes ceremonias, sino que son la mirada y la memoria de los léperos, de los indios, de las chinas, de los soldados, de las hijas y madres, de las viejas en el mercado, y de los personajes populares que con él conformaban ese ente multifacético llamado “pueblo”.

Para el sociólogo italiano Paolo Virno el concepto de “pueblo” se ha modificado en el presente, a comienzos del siglo XXI, para ser sustituido por el de “multitud”, pues el primero se identifica con la construcción de un Estado, con la unificación de los individuos distintos, en un proyecto que los abarca y los supedita. En nuestros tiempos, cuando los nacionalismos son rebasados por la globalización, el “pueblo”, la nación y la Patria son conceptos teóricos que para muchos de nuestros contemporáneos significan poco, pues son parte de una multitud azuzada solamente para el consumo. La individualidad es lo que priva ahora.

En cambio, en el siglo XIX y durante casi todo el XX (hasta el inicio del neoliberalismo feroz), el pueblo es un personaje principal en los procesos históricos que se producen: desde la Independencia hasta el Porfiriato y la Revolución Mexicana. A diferencia de otros países latinoamericanos, donde la participación popular no fue tan desbordada como en México, esa intervención de grandes masas como sujetos activos produjo en nuestro país las características populares (incluso populistas) que tuvo el Estado hasta los pasado años 80.

Oservemos ahora el retrato del pueblo presentado por Prieto:


El pueblo en su conjunto

Comenzando los romances de la Independencia, desde el muy bello que refiere el 15 de septiembre de 1810, el autor señala que al grito de “Muera el mal gobierno”, el pueblo se siente libre / y en el polvo sus tiranos. La licencia poética –pues la lucha apenas comenzaba– vale para describir la presencia de la gente de Dolores, que acude al llamamiento y va conformando el gran ejército de Hidalgo, que se engruesa en San Miguel el Grande, y Todo respira contento, / arde y trasciende el placer; / el pueblo llora de gozo,/ aunque sin saber por qué. / Y es que, aunque marcha a la muerte, / el pueblo ya es “pueblo rey”. / Que hagan cálculos los sabios; / el que da su sangre es él…

El grupo insurgente por supuesto no tiene disciplina. Su llegada a Guanajuato es contada así por Prieto: Y ¿qué es la multitud?, ¿qué nos anuncia / ese sordo rumor que forma el pueblo? / ¿Por qué será que desaparece el hombre / cuando se embebe en el conjunto inmenso? / Porque la liga de dispersos seres / da vida a un ser sublime, a otro ser nuevo, / que es terrible, que siéntese infinito, / y que fatal impónese y supremo. /… La intriga, y la impostura, y los cañones /forjarán los tiranos con despecho; / pero ¡ay de ellos si el pueblo se levanta / ofendido vengando sus derechos!

El cantor del pueblo no oculta los abusos y crímenes de la muchedumbre insurrecta, irrefrenable, desobediente, por ejemplo en Granaditas, donde Mata, incendia, roba, asuela / entre feroces rugidos… / y discurren por las calles / desnudos, dando alaridos, / con sus hachas en las manos / y de humana sangre tintos, / hombres mil, que de las furias / fueron vergüenza y ludibrio… / ¿Quién la catarata enfrena / cuando trasborda el abismo? / ¿Quién marca rumbo y concierto / de la tempestad al giro?

En ocasiones el pueblo aparece como espectador. Así la humilde plebe detiene los tristes pasos, / se persigna con la diestra, ante las cuatro escarpias que en Granaditas contienen las cabezas de los iniciadores de la Independencia. Asiste al horrible espectáculo de las ejecuciones, como la que sufre don Leonardo Bravo mediante el medieval recurso del “garrote”: De trecho en trecho se mira, / agrupada con pavor, / la gente en las bocacalles; / se hace y deshace reunión, / al mirar las patrullas / llegar con aire feroz… O al fusilamiento del guerrillero Albino García, quien dirigió la vista al cielo, / y a la multitud curiosa / se encaraba con desprecio, / cuando se escuchó vibrante / la terrible voz de “¡Fuego!”

Por supuesto el pueblo es el destinatario de los deseos del gran Morelos, quien en su polémica con Rayón no acepta una transacción de independencia: Queremos que el pobre pueblo / que en esclavitud vivió, / Entienda que es soberano, / que es de sí dueño y señor; / y que hace y deshace reyes / sin amo ni apuntador.

El aspecto del pueblo es en general el de la pobreza. Y gran parte de ese pueblo está conformado por indios, como los que combaten en Chapala, en la isla de Mezcala, o los que jalan los cañones para cumplir la orden de “A acuartelarse en Oaxaca”. Así se observa, por ejemplo, en la entrevista de Guerrero e Iturbide, en que los soldados del primero caminan a Teloloapan Con desgarrados vestidos, / el pie desnudo en el suelo, / y como en vellones toscos / a los ojos los cabellos; / al hombro viejos fusiles, / calcinados de hacer fuego…/ No tienen alas ni dijes, / pero sí piel como hierro / que el sol con su viva llama / acaricia lisonjero, / tornando pechos y brazos / como plumaje de cuervos. También de la tierra caliente aparecen los pintos, de huarache y sin chaquetas.

Sin omitir las componendas de Iturbide, el poeta relata que a la hora del triunfo, casi todos se tornan independentistas, y la gente en fiesta inunda las calzadas cercanas a la capital; congréganse ardientes juntas, / se publican mil proclamas… /todo joven es valiente, / iturbidistas las damas; / todo clérigo es patriota, / todos los músicos cantan, / todo es cruzar de vendimias, / todo risas y algazara… Los que no se han sumado al carro trigarante son, entre otros, los negros de Yermo (aquel golpista de 1808), quienes con una furia terca, / quieren que domine España, / y que venga lo que venga, / porque, digan lo que digan, / embrutecen las cadenas.

Otros grupos conservadores del pueblo se encuentran entre las soldaderas del ejército realista que maltratan a Morelos cuando fue capturado, o entre los campesinos tomados de leva en cualquier momento y que conforman una turba cruel que atropella.

Pero para 1821 la vida marca otro guión al pueblo, pues es el momento del triunfo. Los dos romances de las vísperas del arribo a la capital y el de los preparativos, ilustran las actitudes de la población, que se deborda en los puentes, que recibe a los trigarantes por los pueblos de La Piedad, La Ladrillera, Guadalupe, Tacubaya, Los Morales, por el Peñón Viejo, por Azcapotzalco, en confusión de vestuarios, entre gritos de vendimias, entre alegres carcajadas, con fandangos en el campo.

La entrada triunfal del ejército trigarante es uno de los más bellos romances de Prieto, donde la presencia del pueblo es subrayada, tal vez del propio recuerdo del autor, que entonces tenía tres años. Bien pudo ser uno de esos tiernos niños, que cabalgaban en los hombros de sus padres, mencionados en el poema:

Inunda la muchedumbre / caminos, plazas y calles, / y como en torrentes surge / de los puntos más distantes… / y en los techos y cornisas / y en las ramas de los árboles / hierven los espectadores / por ver a los trigarantes… / flores regaban el suelo / y eran fiestas los detalles… / azoteas y cornisas, / lo que impera y sobresale / eran orlas de curiosos, / eran racimos colgantes / de léperos y muchachos / invasores de los aires; eran ojos, eran bocas, / era vida exuberante…/ Todas las gentes se amaban, / todas reían sociables, / y la vieja barrigona, / entre su prole chillante, / repetía entre las risas / de los léperos tunantes: “Vamos a ver a mi Güero / y a ver a su coro de ángeles”…

Deslumbra la energía de Guillermo Prieto para concluir, poco antes de su muerte, otros dos libros de poesía patria, con los que abarcó los demás procesos históricos hasta la derrota del imperio de Maximiliano. Por supuesto el pueblo sigue estando presente en esta obra. Cuando se subleva contra Santa Anna, en 1845: Nada. Al que manda, homenajes, / a la canalla el desprecio, / y si algunos díscolos chillan, / rigor y bala con ellos. / Y así cayó uno por uno / en lo más hondo del pueblo, / el combustible ignorado / que al fin produjo el incendio. / ¿Y quién despertó a esa masa / del ignominioso sueño? / ¿Quién convirtió en tigre horrible / a ese humillado cordero? / Nadie. Pero en las naciones / hay un solemne momento / que en la atmósfera los gérmenes / vuelan de los escarmientos, / y el volcán erupción hace / con un frívolo pretexto.

Los arquetipos

Los personajes específicos del pueblo también hacen acto de presencia en esta obra. Y así los romances históricos son también una fuente preciosa para el estudio de la vida cotidiana de la época que relata. Desde luego, los arquetipos más útiles se encuentran en la poesía escrita expresamente para retratar tipos populares, como La Migajita, o Jelipa, un peregrino, o don Pascual, matones, pelados o una viejecita. En esos textos, los integrantes del pueblo se nos presentan con su lenguaje y su caló, en su ambiente y su contexto, y es maravillosamente descrita su actitud y sus valores.

Pero también en los tres volúmenes de los romances históricos aparecen personajes específicos, que nos muestran los rostros individuales de ese pueblo, incluso entre los héroes, pues en el relato de Prieto reasumen su estatura humana. Por ejemplo, don Hermenegildo Galeana, el mismísimo León de la Montaña, es Tata Gildo para la gente; Guadalupe Victoria es ser humano al borde de la inanición y la locura en su escondite en Veracruz; Valerio Trujano, Pedro Moreno, Encarnación Ortiz, El Pachón, y hasta Vicente Guerrero, hacen bromas, comparten los alimentos, bailan, se reúnen en el fandango, conversan en un ruedo con sus compañeros de armas. Prieto escribió: Ora pregunto: ¿Acaso podría / distinguir ciudadanos y guerreros, / dar al soldado y pueblo varia suerte, / despedazar el vínculo que un día / delante el invasor formó la muerte?

También hay otros personajes, un tanto anónimos, como el indio El Giro, uno de los guerrilleros que sostienen la lucha en el Bajío en el periodo de la resistencia; uno de los negros que forman el Estado Mayor de Morelos, distinguido por su valentía; las mujeres y los niños que intervienen en las batallas en El Sombrero, al lado de Mina; las tres muchachas cuya conversación escucha Ramón Rayón, y que están dispuestas a realizar una rifa, para determinar quién habrá de sacrificarse para saciar el hambre de sus compañeros sitiados en el Cóporo; la madre que entrega su hijo la general Anaya en Churubusco…

A través de todos ellos, conocemos datos sobre el vestuario, las cortesías, el lenguaje, la alimentación, los relicarios, medallas y otros signos religiosos, las formas de mirar, las señas, las formas de disfrutar, los amoríos, los recursos y dificultades para transportarse, etcétera, de gran parte de los personajes de las décadas narradas por Guillermo Prieto.

Prieto se refiere al pueblo, como correspondía a su época, como el brazo de Dios, que debía inspirar santidad a los gobiernos. A través de la Historia, el poeta, El Romancero, evoca al pueblo en su energía; lo hace llenar los espacios públicos; lo presenta en momentos de indiferencia o lanzando gemidos o esperando; lo muestra en su lloro y al levantarse rugiendo furioso, o festejando en la victoria. Y todo ello Porque a la Historia Dios ordena / que del pasado despedace el velo, / que con su soplo mágico reviva / y muestre palpitantes a los tiempos…






jueves, 12 de marzo de 2009

Poesía Patria

El arte, ya sabemos, es una de las fuentes para el estudio de la Historia.
La poesía del siglo XIX, escrita al estilo del romanticismo, tomó temas de los acontecimientos entonces recientes para recrear con orgullo esos episodios.
El escritor Guillermo Prieto publicó una serie de "Romances históricos". He aquí una selección de ellos:


Romance del 15 de septiembre

Golpes suenan en la puerta,
en la puerta del curato;
golpes y voces que llaman
ansiosas al cura Hidalgo...
Se hace luz en las estancias,
se pasean los caballos,
entran Allende y Aldama
del cura en el pobre cuarto,
y sin muchas precauciones,
ni más rodeos, ni preámbulos,
dicen: "Estamos vendidos:
¿Qué resolución tomamos?"
Oye la nueva tranquilo
con calma y sosiego Hidalgo,
mientras se ajusta las medias,
y ordena que venga un criado
para que den chocolate
a sus valientes aliados...
Manda llamar los serenos
y a su hermano don Mariano.
Se encendieron unas teas
que agitaban unos cuantos:
las boruquientas campanas
despiertan al vecindario;
acuden al llamamiento
gentes a pie y a caballo,
y en una de las ventanas
de aquel inmortal curato,
erguido, grande, sublime,
asoma su busto Hidalgo.
Grita: "¡Muera el mal gobierno!"
Alza la llama el entusiasmo
y el pueblo se siente libre,
y en el polvo sus tiranos...
Quince inmortal de septiembre
de ochocientos diez, los fastos
escribieron, y esa fecha...
pasan sin tocar los años.


Famoso romance del gran Morelos

Con la bendición de Hidalgo,
con la esperanza en el pecho,
por compañero su brazo
y por protector el cielo,
de Necupétaro humilde
sale entusiasta Morelos,
llevando en la mente unmundo
de heroicos presentimientos
que en hazañas inmortales
hacen tornar los ensueños.
Diez años contaba el siglo
de noviembre entre los hielos:
al sur marcha el gran caudillo,
donde hace su nido el fuego,
y do la tierra fecundan
del sol los ardientes besos.
Por la hacienda de la Balsa
el héroe pasa en silencio,
y andando más adelante,
de milicias un sargento
le regala unos fusiles
tan maltratados y viejos
que al dueño, no a su contrario,
causaban pavor y miedo;
y unas lanzas que parecen
por su inofensivo aspecto,
que lloraban su desdicha
de no haber quedado leños.
Mas congrega voluntades
con su palabra y su aspecto;
los unos sabio le llaman,
y los otros caballero,
y en pos de sí se llevaba
a los hombres y a los pueblos
Así penetró hasta Tecpan,
cuyas puertas se le abrieron
como dos brazos que estrechan
a su señor y a su dueño.
Y al aturdir de los vivas
y al desbordarse el afecto
a servir en sus banderas
se presentan dos mancebos,
ufanos, briosos, altivos
tan valientes como buenos.
eran éstos los Galeanas,
que después resplandecieron
como unos soles fulgentes
de nuestra gloria en el cielo.
La corriente de patriotas como río va creciendo...
Crece, crece caudaloso,
que vas para el mar inmenso:
crece, que en tus ondas llevas
gérmenes de ilustres hechos.
Así la fuerza insurgente
se dirige al Veladero,
y de las iras de España
se oyen los primeros truenos,
apenas cruza el combate,
por los campos como el viento;
pero de muerte y venganza
estallaron los acentos,
y en las olas de Acapulco
fueron a morir los ecos.


Romance primero de Mina

¿Quién es ese que descuella
grande como ígnea montaña,
como sol resplandeciente,
bello como la esperanza,
gritando a los insurgentes:
"¡No desmayéis! ¡A las armas!"
Cuando creen que todo muere
y está expirando la patria?
Vedlo: juventud ardiente
le hace erguido como palma;
lleva en su frente la aureola
de las heroicas hazañas,
y acredita que es oriundo
de los campos de Navarra,
lo esforzado de su pecho,
lo invencible de su espada.
Viene, después que renombre
dejó en su nativa patria,
la libertad adorando, de gloria sedienta su alma.
Una pléyade le sigue
de gente tan extremada,
que cada hombre es una estrella
que nuestro horizonte aclara.
Toca en Soto la Marina,
A Tamaulipas se lanza,
y el trono de los virreyes
retiembla con sus pisadas...


Romance de la entrevista

Con desgarrados vestidos,
de pie desnudo en el suelo,
y como en vellones toscos
a los ojos los cabellos;
al hombro viejos fusiles,
calcinados de hacer fuego;
pero orgullosos, audaces,
ágiles como resueltos,
caminan a Teloloapan
los soldados de Guerrero.

Con uniforme de gala,
sable corvo, bota fuerte,
el rubio cabello alzado
sobre las pálidas sienes,
aguarda el héroe de Iguala
a Guerrero don Vicente,
sin decidir su ha contento
o si ha pesar de que llegue.
Entrambos disimularon
sus sensaciones al verse,
y ocultaron desconfianzas
que los alejaron siempre.
Era el uno el artificio;
otro la verdad agreste;
uno el hombre de las clases;
es del pueblo don Vicente;
uno promesas prodiga;
el otro los hechos quiere;
Pero ambos a un pensamiento
decididos obedecen,
que es el de la Independencia...


Romance de la entrada triunfal

inunda la muchedumbre
caminos, plazas y calles,
y como en torrentes surge
de los puntos más distantes.
Cortinas y gallardetes
bosques forman en los aires;
y en los techos y cornisas,
y en las ramas de los árboles
hierven los espectadores
por ver a los trigarantes,
y cabalgan tiernos niños
en los hombros de sus padres.
Azoteas y cornisas,
lo que impera y sobresale
eran orlas de curiosos,
eran racimos colgantes
de léperos y muchachos
invasores de los aires;
eran ojos, eran bocas,
y era vida exuberante.
Y era el verse esos colores
de los trajes singulares,
la negra saya, la enagua
con lentejuelas brillantes,
la manta del pueblo rudo,
de las damas los encajes,
el escote de la curra,
junto del sayal del fraile;
el sombrero acanalado
y el sombrero de petate,
y alternando con la seda
la tilma semisalvaje.
Las copas, de mano en mano
corrían hasta agotarse:
todas las gentes se amaban,
todas reían sociables,
y la vieja barrigona,
entre su prole chillante,
repetía entre las risas
de los léperos tunantes:
"Vamos a ver a Güero
y a ver a su coro de ángeles".
A las diez de la mañana
las calles parece que arden;
del ejército que llega
el cañón da las señales,
y se agitan los curiosos,
y se agolpan hasta ahogarse,
retumbando los cañones;
y las esquilas vibrantes
en las empinadas torres
que de estruendo se deshacen.
Aparece el primer jefe
de la fuerza trigarante;
Iba en su negro caballo,
más negro que el azabache,
como al salir de la noche
se ve la aurora brillante;
era verde su casaca,
y era el guarnés de su alfanje
esmeraldas y rubíes
salpicados de brillantes;
y llevaba tres ricas plumas
del sombrero por remate,
con los tres lindos colores
marcados por nacionales;
Pero abrid campo que llega
uno grande entre los grandes,
blanco, majestuoso, digno,
con el pelo de azabache,
con la nariz pronunciada,
barba aguda, ojos amantes...
Ése es don Nicolás Bravo,
es el que en divino arranque
vengó con perdón sublime
las afrentas a su padre.
--¿Y ese gigante? --Es Guerrero,
el insurgente indomable.
Su corcel deja Iturbide,
descubre la frente altiva,
y su rubia cabellera
como aureola semira.
"Señor --le dice el alcalde
mostrando una fuente rica
con desmesurada llave
cuajada de piedras finas--,
México, reconocido,
su llave de oro os envía,
para que entre con vosotros
de nuestra patria la dicha."
E Iturbide le contesta
con voz que de tierna vibra:
"Id a decir, concejales,
a vuestra ciudad querida,
que siempre pensé en su gloria,
que de su ventura es digna,
y que cumplí como su hijo
cuando le ofrecí mi vida..."
Así a Palacio llegaron
las trigarantes insignias,
así pasaron las horas
y así la noche, escondida,
dejó encenderse mil luces
para prolongar el día...

Después de la guerra de Independencia, todavía ocurrieron muchos enfrentamientos en el siglo XIX mexicano, como la invasión norteamericana y la intervención francesa.
A estos procesos dedicó el poeta modernista Amado Nervo dos hermosos versos:

Poesía a los niños héroes

Como renuevos cuyos aliños
un viento helado marchita en flor,
así cayeron los héroes niños
ante las balas del invasor.

Allí fue... los sabinos la cimera
con sortijas de plata remecían:
cantaba nuestra eterna primavera
su himno al sol:
era diáfana la esfera;
perfumaba la flor..., ¡y ellos morían!

Allí fue... los volcanes con sus viejos albornoces
de nieve se envolvían,
perfilando sus moles a lo lejos:
era el valle una fiesta de reflejos,
de frescura, de luz... ¡y ellos morían!

Allí fue... Saludaba al mundo el cielo,
y al divino saludo respondían
los árboles, la brisa el arroyuelo,
los nidos con su trino del polluelo,
las rosas con su olor... ¡y ellos morían!


Guadalupe La Chinaca

Con su escolta de rancheros,
diez fornidos guerrilleros
y en su cuaco retozón
que la rienda mal aplaca,
Guadalupe la Chinaca
va a buscar a Pantaleón.
Pantaleón es su marido,
el gañán más atrevido
con las bestias y en la lid;
faz trigueña, ojos de moro,
y unos músculos de toro
y unos ímpetus de Cid.
Cuando mozo, fue vaquero,
y en el monte y el potrero
la fatiga lo templó
para todos los reveses,
y es terror de los franceses
y cien veces lo probó.
Guadalupe está orgullosa
de su prieto; ser su esposa
le parece una ilusión,
y al mirar que en la pelea
Pantaleón no se pandea,
grita: ¡Viva Pantaleón!

Ella cura los heridos
con remedios aprendidos
en el rancho en que nació
y los venda en los combates
con los rojos paliacates
que la pólvora impregnó.

Con su faz encantadora,
más hermosa que la aurora
que colora la extensión;
con sus labios de carmines,
que parecen colorines,
y su cutis de piñón;

se dirige al campamento,
donde reina el movimiento
y hay mitote y hay licor;
porque ayer fue bueno el día,
pues cayó en la serranía
un convoy del invasor.

¡Qué mañana tan hermosa!
¡Cuánto verde, cuánta rosa!
¡Y qué linda la extensión
rosa y verde, se destaca
con su escolta la Chinaca
que va a ver a Pantaleón!

viernes, 10 de octubre de 2008

Piropos al rebozo

Una de las prendas femeninas que identifican a la cultura mexicana es el rebozo.
Surge en la época colonial, con orígenes mestizos, con el arte textil mesoamericano y la belleza de los flecos del mantón de manila, prenda de lujo de las españolas.
Una de las primeras referencias al rebozo se encuentra en una crónica de Fray Diego Durán, de 1573.
Para homenajear al rebozo, Gregorio de Gante escribió a mediados del siglo XX esta bella poesía:

Piropos al rebozo (Gregorio de Gante)

Bien mereces, rebozo,

que te festejen con sus estallidos

fugaces, los cohetes de mi gozo;

bien mereces, rebozo, la caricia

de las manos que son nuestra delicia;

que te besen las bocas

que a nosotros nos besan,

en las locas horas de la ilusión;

y que te miren

los ojos que nos miran;

y que presos,

prisioneros de amor entre tu lazo,

queden nuestros cariños, para arderte

con el ansioso fuego de los besos

y a la eléctrica chispa del abrazo.

Bien mereces, rebozo,

que hilen tu urdimbre nuestras patrias ruecas,

que te adornen nativas amapolas

y que te arrullen, brava o dulcemente,

las notas de "La Marcha Zacatecas"

o del mestizo vals "Sobre las Olas".

Mereces que te extienda sobre el manto

imperial de mi canto

y en la prosaica era

que nos tocó vivir, de sino adverso,

te alce, izado, en el asta de mi verso

como triunfal bandera!

Rebozo sin rival de Tenancingo,

rebozo negriazul de Tulancingo;

rebozo queretano

de la reata de lazar hermano;

verde rebozo de Santa María,

que copias el color de los nopales

y autóctonos maizales;

rebozo oaxaqueño,

oloroso a mezcal tlacoluleño;

rebozo moteado,

palomo o granizado

de Puebla, que recuerdas al camote

y al mole peculiar de guajolote;

rebozo de hilo o seda

rojo como la flor del organillo,

que pasas por el hueco de un anillo,

rebozo mexicano cuya punta

a las caderas femeniles se unta

como a las aras de un altar.

Querido rebozo de mi Patria,

que guardas la tibieza confortante

de la tortilla y de la barbacoa,

mereces que te entone yo un "corrido",

o te escriba una loa.

Porque eres discreto confidente

en idílicos trances de mi gente;

y en las horas románticas y bellas

de las declaraciones amorosas,

ocultas el rubor de las doncellas,

pueblerinas, y sabes muchas cosas

del "te quiero" y "te adoro",

tantas, que en los dibujos complicados

de tus flecos, se quedan enredados

suspiros y miradas,

besos que no son dados

y palabras de amor no pronunciadas.

Porque en tí se han mecido

los sueños infantiles de mi raza,

cuando como en un nido

trémulo de ternuras y de gozo,

la mujer de mi pueblo

a su vástago envuelve en el rebozo;

ata sus puntas junto a la falda

y se entrega feliz a las faenas

con su carga de amor sobre la espalda.

Porque pasas por ferias y mercados

rebozo mandadero,

queriendo atesorar al mundo entero;

porque enjugas los llantos desolados

de las anónimas tribulaciones

y eres paño de lágrimas

de humildes y sencillos corazones;

porque hecho mortaja,

cubres el cuerpo inerte de tu dueña

que, en instantes postreros,

soñó hallarte en la Gloria

¿Qué es su cielo prometido,

Si no un negro rebozo

con notas de luceros?

Rebozo que visitas los salones

entre pieles, abrigos y mantones;

insurrecto rebozo de bolita,

que arropaste el amor de "La Norteña"

y de "La Valentina" y "La Adelita":

rebozo popular que en las verbenas

te olvidas de las penas

y eres, entre la algarabía,

banderín de los gozos

y estandarte triunfal de la alegría,

bien vales un "mariachi" michoacano,

unas madrugadoras "mañanitas",

una dulce "valona" del Bajío,

un "huapango" febril veracruzano

y un jocundo "jarabe tapatío".

Bien mereces, rebozo, que en la plaza

de toros, encendida como hornaza,

donde luces cruzado sobre el pecho

de la China Poblana

y tu tronío impera,

te brinde, entre la gala chinampera

de jubilosa diana,

Lino Zamora un par de banderillas,

Ponciano Díaz un rudo estoconazo,

y Rodolfo Gaona una gaonera,

y El Toluco una mangana.

Y porque, en la trinchera

de luchas libertarias,

te transformaste en venda curandera,

misericorde y grata,

puedes atestiguar la historia entera,

donde el valor heroico maravilla:

del oscuro "insurgente" de Morelos,

del "Chinaco" leal de Zaragoza,

patriota sin mancilla,

del "cigarro" suriano de Zapata,

del "carranclán" del Manco de Celaya

y del "dorado" fiel de Pancho Villa.

Porque si no tuviera

un águila en su escudo mi bandera

bien merecías, rebozo, ser tomado

como símbolo de la tierra mía,

y entre el verde y el rojo te vería

abrazando un sombrero galoneado.

Rebozo que eres cuna para el niño,

cabezal para el sueño,

celosía para el amor,

dogal para el cariño,

venda para el herido,

banderola, mortaja y vida,

y llanto y alegría.

Rebozo nacional, tu sombra sola

cubre a la Patria mía.

Y para bien cantarte

y para bien loarte

mi Musa se ha prendido los listones

tricolores, en la trenza sombría,

ha vestido el castor multicoloro

con los oros del día

y se ha cruzado el corazón indígena

con el rebozo azul de la poesía.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Los comunistas manifiestan su programa

La idea de igualdad es un producto de la modernidad. Ni en la Edad Media ni en la Antigüedad se teorizó al respecto.
Este afán ha tenido diversos ideólogos y uno de los más importantes fue el alemán Carlos Marx, quien en 1848 publicó, al alimón con Federico Engels, un texto de divulgación que claramente señala los fundamentos de su teoría: el Manifiesto del Partido Comunista.
He aquí algunos fragmentos de esta obra, una fuente primaria para conocer de primera mano en qué consiste esta doctrina:

"¿Qué relación mantienen los comunistas con respecto a los proletarios en general?

Los comunistas no forman un partido aparte, opuesto a los otros partidos obreros.

No tienen intereses algunos que no sean los intereses del conjunto del proletariado.

No proclaman principios especiales a los que quisieran amoldar el movimiento proletario.

Los comunistas sólo se distinguen de los demás partidos proletarios en que, por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad; y, por otra parte, en que, en las diferentes fases de desarrollo por que pasa la lucha entre el proletariado

y la burguesía, representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto.

Practicamente, los comunistas son, pues, el sector más resuelto de los partidos obreros de todos los países, el sector que siempre impulsa adelante a los demás; teóricamente, tienen sobre el resto del proletariado la ventaja de su clara visión de las condiciones, de la marcha y de los resultados generales del movimiento proletario.

El objetivo inmediato de los comunistas es el mismo que el de todos los demás partidos proletarios: constitución de los proletarios en clase, derrocamiento de la dominación burguesa, conquista del Poder político por el proletariado.

Las tesis teóricas de los comunistas no se basan en modo alguno en ideas y principios inventados o descubiertos por tal o cual reformador del mundo.

No son sino la expresión de conjunto de las condiciones reales de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico que se está desarrollando ante nuestros ojos. La abolición de las relaciones de propiedad existentes desde antes no es una característica peculiar y exclusiva del comunismo.

Todas las relaciones de propiedad han sufrido constantes cambios históricos, continuas transformaciones históricas...

El rasgo distintivo del comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición de la propiedad burguesa.

Pero la propiedad privada actual, la propiedad burguesa, es la última y más acabada expresión del modo de producción y de apropiación de lo producido basado en los antagonismos de clase, en la explotación de los unos por los otros.

En este sentido los comunistas pueden resumir su teoría en esta fórmula única: abolición de la propiedad privada...

Os horrorizáis de que queramos abolir la propiedad privada. Pero en vuestra sociedad actual la propiedad privada esta abolida para las nueve décimas partes de sus miembros. Precisamente porque no existe para esas nueve décimas partes existe para vosotros. Nos reprocháis, pues, el querer abolir una forma de propiedad que no puede existir sino a condición de que la inmensa mayoría de la sociedad sea privada de propiedad.

En una palabra, nos acusáis de querer abolir vuestra propiedad. Efectivamente, eso es lo que queremos...

Mas, dejemos aquí las objeciones hechas por la burguesía al comunismo.

Como ya hemos visto más arriba, el primer paso de la revolución obrera es la elevación del proletariado a clase dominante, la conquista de la democracia.

El proletariado se valdrá de su dominación política para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante, y para aumentar con la mayor rapidez posible la suma de las fuerzas productivas.

Esto, naturalmente, no podrá cumplirse al principio más que por una violación despótica del derecho de propiedad y de las relaciones burguesas de producción, es decir, por la adopción de medidas que desde el punto de vista económico pareceran insuficientes e insostenibles, pero que en el curso del movimiento se sobrepasarán a sí mismas y serán indispensables como medio para transformar radicalmente todo el modo de producción.

Estas medidas, naturalmente, serán diferentes en los diversos países.

Sin embargo, en los países más avanzados podrán ser puestas en práctica casi en todas partes las siguientes rnedidas:

1. Expropiación de la propiedad territorial y empleo de la renta de la tierra para los gastos del Estado.

2. Fuerte impuesto progresivo.

3. Abolición del derecho de herencia.

4. Confiscación de la propiedad de todos los emigrados y sediciosos.

5. Centralización del crédito en manos del Estado por medio de un Banco nacional con capital del Estado y monopolio exdusivo.

6. Centralización en manos del Estado de todos los medios de transporte.

7. Multiplicación de las empresas fabriles pertenecientes al Estado y de los instrumentos de producción, roturación de los terrenos incultos y mejoramiento de las tierras, según un plan general.

8. Obligación de trabajar para todos; organización de ejercitos industriales, particularmente para la agricultura.

9. Combinación de la agricultura y la industria; medidas encaminadas a hacer desaparecer gradualmente la oposición entre la ciudad y el campo.

10. Educación pública y gratuita de todos los niños; abolición del trabajo de éstos en las fábricas tal como se practica hoy; régimen de educación combinado con la producción material, etc., etc.

Una vez que en el curso del desarrollo hayan desaparecido las diferencias de clase y se haya concentrado toda la producción en manos de los individuos asociados, el Poder público perderá su carácter político. El Poder político, hablando propiamente, es la violencia organizada de una clase para la opresión de otra. Si en la lucha contra la burguesía el proletariado se constituye indefectiblemente en clase; si mediante la revolución se convierte en clase dominante y, en cuanto clase dominante, suprime por la fuerza las viejas relaciones de producción, suprime al mismo tiempo que estas relaciones de producción las condiciones para la existencia del antagonismo de clase y de las clases en general, y, por tanto, su propia dominación como clase.

En sustitución de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, surgira una asociación en que el libre desenvolvimento de cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de todos..."



jueves, 7 de agosto de 2008

Identidades juveniles en el siglo XX

Dice un historiador que los hombres y mujeres se parecen más a su tiempo que a sus padres. Esto es cierto al referirse a la cultura propia que rodea a las diferentes generaciones, a su forma de pensar, a pesar de la influencia de la tradición por permanecer y repetir circunstancias, a su facilidad para adaptarse a las novedades tecnológicas y de todo tipo.

Como grupo social, los jóvenes que han sido a lo largo del siglo XX, se han distinguido de sus contemporáneos de otras edades al conformar identidades específicas, bien permeadas por el contexto de diferentes épocas. Por ejemplo, el uso del celular es una característica identificable de los jóvenes de fines de ese siglo, que no utilizaron los que eran jóvenes en 1950.

La conformación de identidades juveniles es un fenómeno social que ocurre principalmente en los espacios urbanos, aunque en nuestro presente, con la influencia que permiten y obligan los medios de comunicación (masiva y los otros) son pocas las poblaciones en las que la juventud no se incorpora a la propia cultura de su tiempo. Esa cultura (o contracultura en algunos casos) se expresa en ciertas modas, gustos particulares por una cierta música, frases, gestos o caló particulares, modos de pensar ante temas políticos y filosóficos... en fin, una serie de características que permiten identificar a diferentes grupos a lo largo de las décadas.

Así, podríamos comenzar nuestro recuento al mencionar a los pachucos, jóvenes de origen latino (principalmente mexicanos) avecindados en Estados Unidos, que proliferaron en la década de los 40.










Para la década de los 50, como expresión de los fanáticos de los primeros años del rock and roll, aparece una nueva generación de jóvenes identificada como los "rebeldes sin causa".






Para los años 60, los hippies y los movimientos estudiantiles en todo el mundo identifican a los jóvenes que reclamaban amor y paz, quienes se expresaban contra una guerra específica.
En los 70, una identidad agresiva y contestataria se manifiesta en la creación de la contracultura punk,
identificada con la ideología anarquista.



Para los 80, la imposición de una economía neoliberal en los países más avanzados daría origen a aspiraciones de enriquecimiento en algunos jóvenes conocidos como "yupies", mientas que proliferaban otros grupos contraculturales, como los dark y pandillas de los suburbios citadinos.

Para la última década del siglo, los jóvenes se enfrentan a la caída rotunda del mundo socialista y al arranque de la globalización, al tiempo que aparecen movimientos "altermundistas" en que participan mayoritariamente jóvenes.

Para comienzos del siglo XXI...